La Fundación de las Tres Culturas y el Eje del Bien: Corea del Norte, Siria e Israel

Realismo sionista en el aeropuerto (para judíos) de Tel Aviv

Realismo sionista en el aeropuerto (para judíos) de Tel Aviv

Una de las grandes realizaciones del chavesato, junto a la Segunda Modernización (de Andalucía), es la Fundación de las Tres Culturas (F3C).

Creada a finales de la pasada década, cuenta entre sus patronos a quienes serían representantes legítimos de las tres “culturas” del Mediterráneo: la cultura sionista, representada por la Fundación Peres (el “Padre” de la bomba atómica judía, i.e.: del Estado Judío); la cultura árabe (o musulmana), representada por Mohammed VI, el hijo de Hassan II (descendiente del Profeta y casero de la fundación); y, por último, la cristiandad (o acaso la cultura española) representada por la Junta de Andalucía, hasta hace poco en manos del político modernizador. Éste, dejando claro la paternidad de la entidad, firma con su propia foto (en la que aparece sonriente junto al Padre de la bomba) el fotomontaje real de su presentación.

Si la cultura sionista se proyecta adecuadamente en la F3C no parece que sea tanto el caso de la cultura judía (sin más). No consta que disidentes e intelectuales judíos en el exilio tengan cabida en su agenda cultural (al contrario que el embajador de Israel). Y desde luego que sería interesante contar en Sevilla con la presencia  de científicos o académicos como Noam Chomsky, Norman Finkelstein o Illan Pappé. O de activistas pro Derechos Humanos como la joven artista Sara Benninga.

Junto a la participación institucional, el Ministerio de Exteriores del moldavo Lieberman – quien propuso la idea de ahogar a los prisioneros palestinos en el Mar Muerto (Haaretz, 8 julio 2003) – cuenta en España con las milicias “culturales” de Tarbut Sefarad, entidad dedicada a “la promoción y difusión de la cultura judía”. El presidente de “la red” (como se autodenominan) es el argentino Mario Sabán, emigrado a España tras la crisis económica del Corralito.

El interés de Israel por la cultura “como una vía de entendimiento entre pueblos y culturas diferentes”, como afirman en Tarbut Sefarad, se pone de manifiesto con su rechazo a la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO (2005). Un tratado por la humanidad y su diversidad cultural firmado por la mayoría de las naciones (en la actualidad 117). Entre quienes no lo han hecho se encuentran la República Árabe de Siria, la República Islámica de Irán, la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte) y el Estado Judío Democrático de Israel.

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Sara Benninga and the spirit of humanity

Sara Benninga, leader of the anti-apartheid movement

Sarah Benninga, with an Israeli policeman on the back, in East Jerusalem

To the sound of drums, the songs and slogans of the Israelis that every Friday demonstrate in the Gardens of Sheikh Jarrah, occupied East Jerusalem, capture the senses and taint with magic the struggle against apartheid and ethnic cleansing. Enchanted by the music, I asked an Israeli girl about the song, the message she was carrying: “it is an Israeli folk song of which we have changed the words” she said. An ingenious transformation directed to the conscience of the Israeli society, a qualitative change in the fight for Human Rights.

Soon I could spot who – armed with a loud speaker – directed the choir, not being intimidated by the soldiers in front; a patrol of the so-called IDF that, with assault weaponry, recorded the event from the beginning to end; neither by the policemen stationed nearby. Sara Benninga, a student of fine arts 28 years old, is the leader (at least one of them) of The Sheikh Jarrah Solidarity Movement, the flowers’ movement; those of the eponymous Gardens. With them they approach the victims of a messianic project of colonization to offer them their compassion and solidarity; flowers instead of guns, walls and barbed wires.

They are a minority, small, but their symbolic value far exceeds what the silent majority in Israel can withstand. They have already won the (moral) battle, that of the spirit of humanity against God’s determinism, the one that would have promised the land of Palestine to his chosen people; they are the winners, now and in the times to come. Then they will be remembered as those who did not remain silent and were not drawn by the crowd, those who were not intimidated by the might of one of the most powerful states in the world. The Jewish State that, for Christian Zionists, particularly American Evangelicals, would be a wish of God and a clear sign of the arrival of the Messiah. An entity (fiction as they are all) product of a historical aberration that, armed and protected by the U.S., has a nuclear arsenal which international hypocrisy prevents all discussion of; unlike the one Persia is suspected of being able to acquire in the future, just that much larger. For mainstream Israelis, Sara and her colleagues are traitor-like fellow citizens. However, it depends on them to change the final course of history in Palestine that – since the demise of the Sublime Porte – seems to be determined by the stars. The same ones that sealed the fate of al-Andalus, a country of Jews, Christians and Muslims (i.e.: people) in Europe a long time ago that had the same fortune; that of being re-conquered.

The demonstrations of The Sheikh Jarrah Solidarity Movement, started in late 2009, are joined by a handful of international activists from so-called Western countries (those of the OECD) that, despite the tough screenings are able to sneak through the airport of Tel Aviv, former Lydda, on whose debris was built the State of God. Among them was Jimmy Carter, former US President and the architect of Camp David, currently short of a pariah in Israel. Most of them are young people with the same spirit, nonconformist with doom, the one probably epitomized by apartheid and the West Bank Wall.

Sara and her colleagues assert their views with the security that gives them the Israeli citizenship and, above all, the fact of being Jews; something stated in the passports to prevent any misunderstanding. The same security enjoyed by Westerners travelling across the Occupied Territories; secure not only as citizens (unlike the Palestinians) but also first class ones. But also aware that too much defiance can make them a Western martyr of the occupation. One like Rachel Corrie, the American girl 23 years old that defied a Caterpillar bulldozer of the Israeli army in front of a Palestinian house in Gaza; the very Israeli housing policy in the territories occupied since 1967.

http://www.en.justjlm.org

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Sara Benninga y el espíritu de la humanidad

Sara Benninga, líder del movimiento antiapartheid

Sara Benninga, con un policía israelí a las espaldas, en Jerusalén Este

Al son de tambores, la canción y las consignas de los israelíes que cada viernes se manifiestan en los Jardines de Sheikh Jarrah, Jerusalén Este ocupada, embaucan los sentidos y envuelven de magia la lucha contra el apartheid y la limpieza étnica. Hechizado por la música, pregunté a una joven manifestante por la letra, por el mensaje del que era portadora: “es una canción popular israelí a la que hemos cambiado la letra” me dijo. Una ingeniosa transformación dirigida a las conciencias de la sociedad israelí; un avance cualitativo en la lucha por los Derechos Humanos.

Al poco pude identificar a quien dirigía el coro, con megáfono en mano no se intimidaba lo más mínimo por los soldados de enfrente. Una patrulla de las Fuerzas de Defensa Israelíes que, con armamento de combate, los grababan de principio a fin; con una cámara fijada sobre un trípode. Tampoco por los policías destacados en la proximidad. Sara Benninga, una estudiante de bellas artes de 28 años, es la líder (al menos una de ellos) del Sheikh Jarrah Solidarity Movement; el movimiento de las flores, las de los Jardines del mismo nombre. Con ellas se acercan a los palestinos víctimas de un proyecto mesiánico de colonización a quienes ofrecen su compasión y solidaridad; flores en vez de fusiles, de muros y alambradas.

Son una minoría, exigua, pero su valor simbólico excede con creces lo que la mayoría silenciosa en Israel puede soportar. La batalla (moral) ya la han ganado, la del espíritu de la humanidad contra el determinismo de Dios (el de los judíos) que al pueblo elegido habría prometido la tierra de Palestina. Ellos son los triunfadores, ahora y en los tiempos venideros. Entonces serán recordados como quienes no se mantuvieron en silencio y no se dejaron llevar por la muchedumbre, quienes no se dejaron intimidar por la fuerza de uno de los estados más poderoso del mundo. El Estado Judío que, para los cristianos sionistas (especialmente los evangelistas en Norteamérica), es designio divino y señal evidente de la llegada del Mesías. Una entidad (ficción como todas) fruto de una aberración histórica que, armada y protegida por los EE UU, tiene un arsenal nuclear al margen de toda discusión; no como el que se sospecha en un futuro podría tener Persia (sólo que mucho mayor). Para la mayoría de israelíes, Sara y sus compañeros son unos traidores. De ellos, sin embargo, depende el viraje final que haya de tomar la historia de Palestina, la cual – desde hace ya tiempo – parece decidida por las estrellas. Las mismas que marcaron el destino de al-Andalus, país de judíos, cristianos y musulmanes (i.e. personas) en la misma Europa que hace siglos corrió igual suerte, la de ser reconquistado.

A las manifestaciones del Sheikh Jarrah Solidarity Movement, iniciadas a finales de 2009, se unen no pocos internacionales, activistas de países “occidentales” (los de la OCDE) que, a pesar de los filtros, logran colarse por el aeropuerto de Tel Aviv, en la antigua Lydda, sobre cuyos escombros se construyó el Estado de Dios. Entre ellos Jimmy Carter, ex Presidente de los EE UU y artífice de Camp David, en la actualidad poco menos que un paria en Israel. La mayor parte de ellos, sin embargo, son jóvenes con el mismo espíritu, inconformistas con los designios de la fatalidad; acaso representada por el Muro de Cisjordania y las tablas del apartheid.

Sara y sus compañeros se manifiestan con la seguridad que les da un pasaporte israelí y, sobre todo, el hecho de ser judíos; que, para evitar malentendidos, figura debidamente en el documento. La misma seguridad de los jóvenes occidentales que se mueven por los Territorios Ocupados, conscientes de ser ciudadanos (no como los palestinos) y de primera; pero también de que demasiado atrevimiento puede hacer de ellos un mártir occidental de la ocupación. Como Rachel Corrie, la norteamericana que con 23 años que desafió a un bulldozer Caterpillar del ejército de Israel en Gaza, delante de una casa de palestinos; la singular política de vivienda del Estado Judío en los territorios que ocupa desde 1967.

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Hebrón en los autobuses urbanos de Sevilla

Ciudad Vieja de Hebrón

Ciudad Vieja de Hebrón (Cisjordania), "liberada" en 1967, i.e.: como Sevilla en 1248 (sólo que por Moshe Dayan "el Santo")

Excmo. Sr. D. Alfredo Sánchez Monteseirín
Alcalde de Sevilla

El 30 de octubre de 2010, cuando viajaba en un autobús urbano de la línea C4, matrícula 8250 FLH, tuve acceso a la información ofrecida a través del servicio BUSSi (Planeta Vivo) sobre al-Haram al-Ibrahimi (la Mezquita de Abraham) de Hebrón, en los Territorios Palestinos Ocupados.

En el mencionado servicio se denomina al monumento la “Tumba de los Patriarcas” de Hebrón y, haciendo referencia a la Biblia, se dice que está en la antigua Judea. “Es el segundo lugar sagrado más importante para los judíos y el cuarto para los musulmanes” se añade. En ningún momento se sitúa Hebrón geográficamente sino que, además, se descontextualiza del tiempo y el espacio obviando que es una ciudad (de las mayores) de la Cisjordania ocupada; ofreciendo al público una narrativa sionista basada en la mitología del Antiguo Testamento.

Hebrón es una ciudad ocupada militarmente por Israel desde 1967, cuando desató una guerra preventiva que le llevaría a apoderarse de territorios de tres países vecinos. Con posterioridad, el régimen de Tel Aviv ha hecho caso omiso del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuya Resolución 242 insta a su retirada de los Territorios Ocupados. Ningún país, a excepción del propio régimen sionista, reconoce Hebrón como parte de Israel.

Si de lo que se trata es de acercar la cultura a los usuarios del transporte público, téngase en cuenta que el Comité Ejecutivo de la UNESCO, el 20 de octubre de 2010, ha reafirmado que la Mezquita de Abraham “es parte integral de los Territorios Palestinos Ocupados y que cualquier decisión unilateral de las autoridades israelíes será considerada una violación del derecho internacional…”.

Más allá de la narrativa de judíos y musulmanes, tan cara al régimen de Tel Aviv, no cabe perder de vista que lo importante son las personas; más allá de las creencias religiosas que cada uno (en su caso) pueda tener. Hebrón es, por desgracia, un paradigma de la limpieza étnica y la violencia de la ocupación militar israelí; el lugar más sangrante de la colonización de Cisjordania; escenario de la constante violación de los Derechos Humanos y las leyes internacionales. Con todo, merece la pena ser visitada, aunque sólo sea por conocer a qué extremos puede llegar la condición humana. Yo he estado un par de veces en los últimos meses y es algo de lo que he podido ser testigo.

Le ruego por todo ello, Sr. Monteseirín, que disponga el cese de esas emisiones en el canal BUSSi de los autobuses urbanos.

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El reino del terror: autocares Salam y los revisores israelíes

Fuerzas israelíes inspeccionando un autobús en el check point ("terminal") de Qalandiya

Sólo los occidentales pueden quedarse "tranquilamente" en el autocar a la espera de los revisores israelíes

Viaje de Ramallah a Jerusalén. Paso de Qalandiya

Desde la segunda intifada de 2000, los palestinos de Cisjordania, a excepción de un escaso número de “afortunados” con permiso de las fuerzas israelíes, tienen prohibida la entrada en Jerusalén y el resto de la Palestina de 1948 (en la actualidad “Estado Judío y Democrático de Israel”).

Los “afortunados”, obviamente, no pueden ir con sus vehículos particulares sino en transporte público, autocares de segunda (“para árabes”) matriculados en Israel; aquéllos con matrícula palestina no pueden salir de los Territorios Ocupados (Tabla VI del Apartheid). A la llegada al paso de Qalandiya, para atravesar el Muro, tienen que bajarse del vehículo y pasar por un circuito de jaulas metálicas, haciendo de ganado humano, hasta llegar a un control del ejército israelí. Allí, son sometidos a un examen biométrico y de rayos X y, a través de un cristal blindado, han de presentar su documentación a unos jóvenes soldados que hasta se lo pasan bien y a menudo se burlan de ellos; como no son personas (judías) qué mas da.

Sólo los ciudadanos de países “occidentales” tienen el privilegio de quedarse en el autobús a la espera de los simpáticos revisores de Israel; la única democracia de Oriente Medio que, además, apoya a Mubarak, el del Partido Nacional Democrático (PND), en Egipto. Con todo, estos occidentales de primera clase tienen prohibido tomar fotografías, “eh, eh.., no pictures!” dice un soldado israelí en el vídeo (grabado con cámara oculta). En el exterior no tienen por qué conocer lo que pasa en los Territorios Palestinos Ocupados (“los territorios”); después de todo “¿no hicieron ellos lo mismo en sus colonias?”, se pregunta el israelí de a pie buscando la imposible tranquilidad de conciencia.

N.B.: el nombre de las empresa de autocares es ficticio, pero tanto da.

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Israelíes de Sheikh Jarrah libre

Sheikh Jarrah libre. Jerusalén Este

Manifestantes israelíes pro Derechos Humanos en los Jardines de Sheikh Jarrah, Jerusalén Este (2010)

Pocas veces he sentido la emoción de aquella tarde en los Jardines de Sheikh Jarrah, una plaza a la entrada de ese barrio residencial de Jerusalén Este, junto a la Línea Verde de 1967, la demarcación del armisticio de 1948. Allí pude encontrar por fin los manifestantes que andaba buscando y por los que días antes había preguntado en la calle Salah Eddin (Saladino), el príncipe kurdo que tomaría la ciudad a los cruzados en 1187.

Eran un grupo de entre 50 y 100 personas, la mayor parte jóvenes, casi todos israelíes. Me acerqué a ellos con precaución, no estaba seguro de quienes eran y por qué se manifestaban; eso sí, tenían enfrente una patrulla del ejército, a la derecha; y a la izquierda otra de la policía. Los militares portaban armas automáticas y los grababan con una cámara fijada sobre un trípode, los policías procuraban realizar su cometido aprovechando la sombra de un frondoso árbol. Las pancartas que veía estaban en hebreo lo que acentuaba mi inseguridad y precaución, y no era el caso de preguntar “¿perdona, vosotros qué es lo que queréis?”; de modo que, temeroso de una gran metedura de pata, mi integración en el grupo fue lenta y paulatina.

Al poco pude reconocer entre ellos a Yehuda Shaul, ex militar israelí y fundador de Breaking the Silence, quien se dedica a mostrar al mundo el verdadero rostro de la ocupación de los Territorios Palestinos; especialmente en Hebrón, adonde organiza visitas para conocer de primera mano el apartheid israelí. Un fenómeno dantesco de limpieza étnica y colonización sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial; a excepción quizá de los Balcanes, sólo que con paso más lento, pero más firme, y con el apoyo de las potencias denominadas “occidentales”. También acompaña a niños palestinos a la escuela en esa ciudad cisjordana para protegerlos de los ataques de colonos judíos.

A Yehuda, un joven barbudo y de complexión fuerte, de convicciones religiosas y que usa kippah, lo pude conocer a principios de la década por un archivo que alguien me envió por correo electrónico con la historia Confesiones de un soldado israelí; en aquel momento dudaba si era algo veraz o simplemente un montaje que circulaba por el ciberespacio. Poco después saldría de mis dudas cuando lo pude ver en un reportaje de France 24 sobre la colonización judía en Hebrón, la más lacerante y obscena de la Cisjordania ocupada.

Más seguro ya de la situación, pude preguntar a una joven qué decía su pancarta (escrita en hebreo), “Free Sheikh Jarrah” me dijo. Ya no cabía duda alguna, eran ellos los israelíes que se manifiestan cada viernes, de 4:00 a 6:00, a la entrada del barrio, contra la limpieza étnica en Jerusalén Este. Allí los habían expulsado las fuerzas de seguridad “para evitar enfrentamientos” con los colonos, los nuevos vecinos que, con licencia de armas automáticas, están dispuestos a hacerse con “la tierra de Israel”; aquélla que por derecho y promesa (según parece) de Yahvé – cual registrador de la propiedad urbana – pertenecería a los judíos. Al poco me ofrecí a la joven para tomar el relevo con su pancarta, con la que me situé en el borde la vía pública mostrándola a conductores y viandantes. 

Palestinos por allí, aquél día había pocos, entre ellos el adolescente que tenía el puesto de zumo de naranja a 10 shekels el vaso, de cuyo éxito daban fe las cajas de naranjas vacías. El comercio palestino no sólo brota junto a los check points, haciendo de la desgracia una oportunidad, también en los Jardines de Sheikh Jarrah.

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La Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) en la encrucijada

Fuerzas especiales israelíes en Jerusalén Este (2010)

Jerusalén Este, ocupada desde 1967 y escenario de limpieza étnica y colonización en nuestros días

15 de enero de 2009

Excmo. Sr. Javier Solana Madariaga
Secretario General del Consejo y
Alto Representante de la UE para la PESC

Distinguido Sr. Solana,

En anteriores ocasiones me he dirigido a Ud. en relación con el conflicto de Oriente Próximo, pidiéndole una mayor implicación de la Unión Europea en aras del cumplimiento de la legalidad internacional y los Derechos Humanos. Recientemente me he vuelto a dirigir a Ud. para expresarle mi preocupación por la suerte de la población de Gaza y los activistas internacionales presentes en el gueto.

Hoy he sabido que las fuerzas israelíes, en un acto de piratería sin precedentes en las últimas décadas, han abordado el barco de auxilio humanitario The Spirit of the Humanity, de la ONG Free Gaza, y lo han obligado a alejarse de la zona; bajo amenazas de muerte a sus ocupantes, entre ellos representantes electos de diversos países de la Unión.

También es conocido que, en los últimos días, las fuerzas israelíes han cometido execrables actos de terrorismo como el bombardeo de una escuela y otras instalaciones de la ONU, hospitales, zonas residenciales y, por último, uno de los cementerios de Gaza. Imagino que esto debe ser el “holocausto” que ya anunciara Matan Vilnai, Viceministro de Defensa israelí, en marzo de 2008.

Soy consciente de la extraordinaria dificultad de su trabajo y el desafío que debe suponer en lo personal, que sus poderes son muy limitados y que Europa, después de todo, es poco más que una unión aduanera. Sin embargo, creo Sr. Solana que su continuidad como Alto Representante de la UE para la PESC pone en juego su propia honorabilidad y dignidad personal. Probablemente no sea Ud. el responsable de este bochornoso papel de la UE en el ámbito de la PESC, pero su permanencia en el puesto, en mi modesta opinión, va ya en detrimento de su brillante carrera política e institucional, de cómo será recordado en el futuro.

Creo por tanto que su dimisión en este momento, que le concedería la gloria, sería el mejor ejemplo que podría dar a las generaciones venideras y la construcción europea.

Atentamente,

P.D.: un grupo de 26 ex-líderes europeos han pedido a la UE la imposición de sanciones a Israel por continuar con la construcción de asentamientos (colonias judías) en los Territorios Palestinos Ocupados. Entre los ex-dignatarios se encuentran Javier Solana, Felipe González, Romano Prodi, Giuliano Amato, Helmut Schmidt, Richard von Weizsaecker, Mary Robinson y Thorvald Stoltenberg (BBC, 10 de diciembre de 2010).

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